Son solo las siete de la tarde pero ya es noche cerrada y solo la luz de los faros ilumina la serpenteante y estrecha carretera. El límite, marcado de forma insistente cada cien metros, es de tan solo 50 Km/h sin embrago, sin saber muy bien porqué hundo el pie en el acelerador.
60,70,80...el velocímetro sube raudo hasta marcar 110 y las ruedas chirrían al entrar en la larga curva indicando que he estado cerca del derrape o incluso del vuelco. Aminoro la marcha y vuelvo a respetar el límite como hago siempre.
Calculo que la “locura” no ha durado más de 20 segundos sin embargo me preocupa que no haya sido el miedo a estamparme lo que me ha frenado sino la posibilidad de que algún “inocente” pagase por mi irresponsable actuación.
No soy un suicida, eso está claro, pero me sorprendo al comprobar que la imagen de un gran golpe del que salgo mal parado no me causa el más mínimo sentimiento. No me gusta lo que soy ni lo que tengo pero no ansío ser diferente ni echo en falta ninguna cosa. Miro el mundo y lo encentro absurdo. Estudio el comportamiento de la gente y lo catalogo de irracional e inmaduro. El caos gobierna todo y a todos y la vida se abre camino alejándose de la racionalidad. Solo la naturaleza actúa con lógica, haciendo uso y abuso de la sencillez y la eficacia mientras mis congéneres viven en un constante artificio simulando ser lo que no son, buscando lo que no necesitan y amando lo que no merece ser ni tan siquiera considerado.
Parezco frío y tal vez lo sea pero mi gélido intramundo es más acogedor que el tropical paraíso que rodea nuestra, en realidad su, sociedad. Las frigorías mantienen activa mi mente y mi “yo interior” crece día a día ocupando cada vez más espacio mientras el suyo se achica por el calor. La contención de su expansión es cada día más difícil y llegará el momento en que me desborde y me sobrepase. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Daré por fin ese paso evolutivo que noto acercarse con paso firme?. ¿Se convertirá la crisálida en mariposa?
Renaceré, al menos eso creo, y tendré, de eso estoy seguro, una nueva visión del mundo, más plena y más perfecta que me alejará para siempre del resto de humanos que, eso es inevitable, me darán la espalda como hacen con todo lo que no entienden pero, ¿importa?. No, claro que no. Si ahora ya son incapaces de ver lo que yo veo de modo cristalino ¿cómo podrían igualar mi visión cuando esta sea tan plena como rotunda?. ¿Dónde encontraré alguien que comparta la belleza del cosmos tal como se verá entonces? ¿En el propio cosmos? ¿Tendré que recorrer lejanas galaxias hasta dar con alguien que me entienda? ¿Sentiré la necesidad de buscarlo? Seguramente no.
60,70,80...el velocímetro sube raudo hasta marcar 110 y las ruedas chirrían al entrar en la larga curva indicando que he estado cerca del derrape o incluso del vuelco. Aminoro la marcha y vuelvo a respetar el límite como hago siempre.
Calculo que la “locura” no ha durado más de 20 segundos sin embargo me preocupa que no haya sido el miedo a estamparme lo que me ha frenado sino la posibilidad de que algún “inocente” pagase por mi irresponsable actuación.
No soy un suicida, eso está claro, pero me sorprendo al comprobar que la imagen de un gran golpe del que salgo mal parado no me causa el más mínimo sentimiento. No me gusta lo que soy ni lo que tengo pero no ansío ser diferente ni echo en falta ninguna cosa. Miro el mundo y lo encentro absurdo. Estudio el comportamiento de la gente y lo catalogo de irracional e inmaduro. El caos gobierna todo y a todos y la vida se abre camino alejándose de la racionalidad. Solo la naturaleza actúa con lógica, haciendo uso y abuso de la sencillez y la eficacia mientras mis congéneres viven en un constante artificio simulando ser lo que no son, buscando lo que no necesitan y amando lo que no merece ser ni tan siquiera considerado.
Parezco frío y tal vez lo sea pero mi gélido intramundo es más acogedor que el tropical paraíso que rodea nuestra, en realidad su, sociedad. Las frigorías mantienen activa mi mente y mi “yo interior” crece día a día ocupando cada vez más espacio mientras el suyo se achica por el calor. La contención de su expansión es cada día más difícil y llegará el momento en que me desborde y me sobrepase. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Daré por fin ese paso evolutivo que noto acercarse con paso firme?. ¿Se convertirá la crisálida en mariposa?
Renaceré, al menos eso creo, y tendré, de eso estoy seguro, una nueva visión del mundo, más plena y más perfecta que me alejará para siempre del resto de humanos que, eso es inevitable, me darán la espalda como hacen con todo lo que no entienden pero, ¿importa?. No, claro que no. Si ahora ya son incapaces de ver lo que yo veo de modo cristalino ¿cómo podrían igualar mi visión cuando esta sea tan plena como rotunda?. ¿Dónde encontraré alguien que comparta la belleza del cosmos tal como se verá entonces? ¿En el propio cosmos? ¿Tendré que recorrer lejanas galaxias hasta dar con alguien que me entienda? ¿Sentiré la necesidad de buscarlo? Seguramente no.
© El Caballero que surgió del frío.
(cualquier parecido con la realidad es pura ¿coincidencia? )
 
1 comentarios:
Ohh un relato! cuanto hacia... la parte de no soy un suicida se me ha pasado x la cabeza alguna q otra vez, xo algo bueno tenia q tener mi memoria de pez! ^^ enseguida se me olvida! xD
Besines!
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