En todo viaje se producen buenos y malos momentos pero estos últimos te afectan mucho más si tienen lugar al inicio de tu viaje en lugar de al final. Esto es así porque si empiezas con mal pie el recuerdo de lo acontecido no te dejará disfrutar de lo que estás por vivir pero si te pasa al final las penas serán menores porque no solo habrás disfrutado del viaje y tendrás un buen recuerdo sino que estarás en tu casa, en tierra segura y con el consuelo de los tuyos.
Si lo miro con objetividad debo decir que mi reciente viaje a Londres fue un gran viaje y pese a las peculiaridades de este país pude disfrutar de la ciudad y del evento galáctico que allí me llevo (Star Wars Celebration Europe). Fueron cuatro días ajetreados y agradables que se truncaron el último día en el aeropuerto de Stanted donde además de recibir un trato deplorable sufrí la pérdida de una maleta que a día de hoy solo Dios en su inmensa sabiduría sabe “ande andará”.
Soy muy consciente de que el terrorismo ha cambiado las normas de seguridad haciéndolas más férreas y se que todo lo que hacen las “fuerzas de seguridad” y los responsables “aeroportuarios” es por nuestro bien pero las cosas se pueden hacer bien o mal y en ese aeropuerto, y supongo que en mucho otros, se a optado por hacerlas “rematadamente mal”
Me parece bien que se hagan exámenes exhaustivos, que se baje equipaje de las bodegas de los aviones para revisarlos por enésima vez, que se usen perros para olisquear a la gente, que te obliguen a quitarte la camisa, que debas descalzarte e incluso que te elijan de forma aleatoria para un concienzudo cacheo y que este se convierta casi en un sobeo de sábado por la noche pero ¿No se puede hacer todo esto con “cierto grado de amabilidad”?
Durante tres días los ingleses me pareciesen la gente más educada del mundo y antes de que pudiera reaccionar ante cualquier leve incidente, como por ejemplo un traspiés, oía un “excuse me” o “sorry” y en cuanto tenía un detalle cívico cnormal, como por ejemplo ceder el paso o un asiento, oía un “thank you” o un “very kind”. sin embargo en Stanted vi otra cosa muy diferente. Su nombre puede ser “control fronterizo férreo asociado a una situación de riesgo potencial” pero a lo que se parecía era a la recepción de los judios en los campos de Polonia.
A limpio chillo, y solo en ingles pese a ser un aeropuerto internacional donde mucha gente no entendía nada, oías como te gritaban sobre lo que tenías que hacer y como ante el menor error el animo de los “vigilantes” se exacerbaba y ver como ejecutivos con traje de Armani y madres con niños pequeños eran tratados como sospechosos potenciales te ponía los pelos de escarpias mientras esperabas tu turno calculando si en la selección “tu si, tu no, tu pasa, tu detente” te iba a tocar “fortuna” o “desgracia”.
Al colega con el que viajaba le tocó a todo “no” pero como en esto tienes un 50% y yo iba a su lado me todo el “pack completo” que consistía, además de un sin fin de preguntas, en:
- Escaneo del equipaje de mano y apertura del mismo.
- Cacheo-magreo exhaustivo de cuello a tobillos.
- Revisión de suelas de zapatos.
- Ecaneo de zapatos.
El escaneo del equipaje de mano, en el que supongo que se usaron distintos niveles de profundidad ya que la muchacha que lo controlaba no dejaba de girar ruedas y apretar botones como si de ello dependiese de que el Enterprise se librase de la amenaza de la flota Klingon, duro casi tres minutos y pese a ello debo considerarme afortunado porque me dieron el ok y no tuve que ver, como le pasó a los dos que me precedían, como dos fornidos empleados enfundados en guantes de látex aplicaban el siguiente protocolo:
- Abir mochila con rudeza y sin importar que el cierre se rompa.
- Voltear la mochila y dejar que su contenido caiga a la mesa.
- Batir todo hasta que los utensilios queden “a punto de nieve”
- Obligar al dueño a meterlo todo de nuevo en menos de tres segundos para que la fila no se eternice aunque para ello deba hacer un bolo y sentarse encima para que la cremallera pueda cerrarse.
Del cacheo tampoco puedo quejarme porque además de estar listo y no dejarme nada en ningún bolsillo, si lo hacías tenias garantizado dos repasos extras, me tocó un tipo que la verdad es que me palpó de forma muy correcta ;). A día de hoy no sé si esto fue así porque era un heterosexual convencido al que tocarle el culo a otro hombre le daba palo o a que vio la cara que pusimos todos los que hacíamos fila cuando vimos actuar a su compañera.
Y es que la agente femenina que había en mi cola (que mal suena esta frase ;) le dio un repaso a la chica que iba delante nuestra que no solo la puso colorada a ella sino que hizo que todos los que estábamos esperando turno nos mirásemos como diciendo “Es cosa mía o esto parece un magreo lésbico”. Si no fuese por la situación de tensión del momento creo que más de uno se hubiese excitado viendo la escena porque la forma en que la “policía dominatrix” palpó sus pechos, apretó sus nalgas y la contundencia con la que metió sus manos entre las piernas de la joven viajera, calculo yo que de unos 25 años, es difícil de describir.
“Menos mal que lleva vaqueros” pensé porque de llevar falda en lugar de tener la cara roja y los ojos brillantes tras la “exploración ginecopolicial" estaría llorando a moco tendido. Por supuesto no miro en ningún momento hacia atrás porque era muy conciente de que todos habíamos sido testigos de lo ocurrido y que haya otros que lo ven aumenta la sensación de vergüenza propia de las situaciones de acoso y eso, al menos en mi opinión, lo fue o estuvo cerca de serlo.
La revisión de los zapatos hubiese sido solo una anécdota si no te obligasen a caminar descalzo por un mugriento suelo con un zapato en cada mano y los brazos en cruz hasta un aparato de rayos que pese a que no encontró ninguna bomba en la finísima suela de mis zapatos decidió marcarlos con una generosa mancha de grasa.
No entendí porque te miraban las suelas cuando acto seguido te iban a pasar el calzado por el escáner pero me pareció justo que no fuesen solo los míos los que mancharon con grasa y aplaudo que la generosidad sajona con el espeso líquido se extendiese a todos los usuarios aunque en algunos casos, y dependiendo de la acción de las tiras de plástico de la salida, algunos tuvieron más suerte que otros y la grasa se extendiese por todo el calzado de modo uniforme y no solo en la punta como ocurrió en el mío, lastima.
El viaje hasta Stanted había sido un calvario de metro (tubo) y tren y cuando la facturación que debía haber empezado a 4 empezó a las 3:45 y mi amigo y yo, que estábamos por la mitad de la cola, no fuimos atendidos a las 5:30 debí suponer que iba a ser uno de esos días en que todo sale mal pero tal terminar el cacheo me dije “Embarcas con una hora de retraso, molido de cansancio y tratado como un sospechoso pero has pasado cuatro días muy buenos y en tan solo una hora y media estarás en España así que Take it easy boy”. Lo que no sabía entonces, y se ahora, es que al llegar a tierra todos los que viajaron conmigo iban a poder recoger su equipaje y que pese a que en la cinta sobrarían cinco maletas ninguna ellas sería la mía.
A la chica que gestionaba las perdidas de equipaje le tentó la risa cuando le dije “Vuestra oferta es muy generosa pero no quiero cambiaros mi maleta por esas cinco que están girando hay fuera” auque no se si es bueno o malo que en lugar de gritar e insultar al “mensajero” termine haciendo humor mordaz de las situaciones adversas.
La ropa, la maquinilla de afeitar, el cargador de la cámara y el móvil son pérdidas que puedo asumir pero el libro, las fotos autografiadas, en especial la de Mark Hamill, y la caja expositora del sable que compré son irremplazables así que rezo al Dios de mis padres para que cambie el trato ingles “yo les devuelvo los virus del catarro que me cogí de London y ellos la maleta que cogieron de mis manos”.
Estén atentos y no se pierdan las próximas entregas de mis andazas londinense en títulos tan interesantes como:
Colas Inglesas vs colas españolas.
El tubo: Problemas por un idem
Y el maná no caía.
Vino, música y cintas de vídeo.Etc.